 |
| la entrada al núcleo urbano, rodeada de jardines, se encuentra
la ermita-basílica de la Virgen del Prado, un edificio
religioso de gran valor artístico por la colección
de azulejería que la decoran. |
|
|
En ella se conjugan el renacimiento y el barroco. La ermita
de 1570 a la que Felipe II denominó como Reina
de las ermitas y el Cardenal Quiroga Mater
eremitarum, se agrandó con un crucero y
cúpula barroca en 1649, dirigido por el arquitecto
Fray Lorenzo de San Nicolás, padre del barroco
de ladrillo.
Esta ermita, de tan grandes dimensiones como algunas
catedrales de España, fue susceptible de contener
en su recinto, oyendo misa, durante la guerra civil
de los siete años, a los regimientos de Mallorca
y de Menorca, acuartelados en Talavera, dejando todavía
espacio suficiente para el público, pues mide
ciento cincuenta y siete pies de longitud desde la puerta
principal hasta la reja del crucero, y noventa y nueve
en su mayor anchura. El templo consta de tres naves
que se comunican en el crucero por medio de otros tantos
arcos, y las dos laterales se hallan adornadas de azulejos
de alfar, del célebre Mansilla, hasta la altura
de ocho pies, representando, la banda de la izquierda,
la ascendencia de Nuestra Señora, según
San Mateo, y la de la derecha, los misterios de la vida
de la Virgen; los azulejos se colocaron aquí
el año de 1639.
El altar mayor actual fue construido a expensas del
Ayuntamiento, su entonces patrón, en 1855, y
le sirve de gradería la de mármol que
formaba el altar mayor de la iglesia del convento d e San Jerónimo. Posteriormente,
fue pintado por un ilustrado sacerdote, el arco o cenefa
que representa los misterios letánicos de la
Virgen. Al costado de la Epístola, se halla la
Sacristía, precioso departamento revestido de
los famosos azulejos del alfar talaverano de Mansilla.
Al lado del Evangelio hay otra pieza en que se guardan
bastantes objetos antiguos, entre otros, la carroza
de la Virgen; el Crucifijo que estuvo en Santiago el
Viejo, (Santiaguito), y un buen espejo octogonal, con
una inscripción en el marco.
En el costado de la Epístola, en el presbiterio,
se contempla una de las llaves (creemos que no sea original,
sino copia) de la ciudad de Oran, cuya puerta del Canistel
fue tomada por los talaveranos, en 1516, al mando de
Don Bernardino de Meneses; y las armas ofensivas de
un pe zespada que se dice haber
acometido a una de las naves de expedición, organizada,
mandada y pagada por el cardenal Cisneros. Juntamente
con este recuerdo, se halla otro no menos piadoso y
patriótico: dos hachas de cera virgen, exvoto
del general de brigada, D. Simón Urruela, ilustre
talaverano, cuando peleaba en África en 1860,
a las órdenes de su tío, también
talaverano, el teniente general D. Tomas Cervino.
continuar
|
|
|
|
|
|
Dentro del crucero, el Ayuntamiento mandó colocar, con
muy buen acuerdo, los preciosos azulejos de alfar procedentes
de la antigua y desaparecida ermita-hospital de San Antón
y de la parroquia de San Clemente, revistiendo también
con ellos un hermoso Púlpito. Y dentro de ese crucero
existen algunos antiguos altares colaterales, que creemos vinieron
de las antiquísimas parroquias de San Clemente y de San
Martín.El camarín de la Virgen es un pequeño
museo de antigüedades; efigies de ignorados siglos, cornucopias
de extraordinario mérito, cabelleras y hábitos
piadosos, aunque desconocidos.
Naturalme nte, una leyenda envuelve un grato
halo de misterio el origen de la imagen de Nuestra Señora
del Prado. Don Manuel Sainz Pardo, rector de la basílica,
refiere las diferentes versiones de dicha leyenda en su libro
La Basílica de la Virgen del Prado. La más difundida
afirma que en el siglo VII Liuva donó la imagen, traída
de Antioquía por San Lucas (o San Pedro), a los talaveranos
en reconocimiento a la lucha de esta ciudad contra la herejía
arriana, que rechazaba que la Virgen fuera madre de Cristo Dios.
Y otra, que cuenta que fue San Ildefonso quien la donó
al pueblo talaverano como premio por los servicios prestados
en la lucha contra el arranismo.
Aunque no hay documentos históricos que avalen ninguna
de las hipótesis, San Ildefonso debió de tener
parte en la historia de la imagen o de la ermita, pues la escena
de la imposición de la casulla a dicho santo por parte
de la Virgen es un motivo que se repite en varios cuadros de
azulejos exhibidos en la basílica. Pero Salvador Páramo,
encargado de la Hermandad de Nuestra Señora del Prado
para restaurar la talla, desbarata parte de la leyenda al afirmar
que la imagen era característica del siglo décimo,
de estilo bizantino puro. Las cabezas
de la Virgen y el Niño estaban destruidas completamente
y perdidas sus formas de tal manera que fue preciso hacerlas
nuevas, en madera de castaño de indias, ahuecadas y vaciadas
por detrás y colocadas y aseguradas sobre sus primitivos
rostros.
La imagen que actualmente se venera es pues la restaurada por
Salvador Páramo en 1888. Se trata de una figura de pie,
con la pierna izquierda algo avanzada, sobre la que descansa
el Niño. Mide unos veinticinco centímetros de
altura y reposa sobre una base de plata sobrer epujada que
sustituyó a la antigua peana de alabastro.
Creados como puente entre la ermita del Prado y la ciudad, estan
sus jardines, que siempre han sido lugar de encuentro de la
sociedad talaverana. En 1875, se proyecta la primera fuente
en sustitución de la antigua noria, y en 1925 Ruiz de
Luna segmenta con hermosas glorietas y fuentes, muchas de ella
hoy desaparecidas, el trazado del paseo. Jardín de estilo
francés, tiene curiosas construcciones como la Caseta
de los patos y el urinario, que evoca a una mezquita árabe. |
|