Talavera, 
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Sto. Domingo

Talavera gótica-mudéjar

La Colegial

 
n su iglesia el gótico, el plateresco y el renacimiento han sabido conjuntarse. Su interior está formado por una amplia, limpia, larga y grandiosa nave ojival. En su altura la nervatura y terceletes juegan a tejer formas variadas, sus columnas tienen la robustez del renacimiento y, ya en la altura, se deshila de dedos que se buscan en la bóveda; en su fachada aparece un

plateresco sencillo y sobrio que rezuma belleza.

Aunque tuvo distintos benefactores al comienzo de su andadura, se considera a Fray García de Loaysa como el verdadero fundador de este convento llamado Santo Domingo y San Ginés, este último nombre porque les dieron la antigua parroquia de San Ginés para fundar el convento. En los lados del presbiterio, en su capilla mayor, estuvo el sepulcro del famoso cardenal de Sevilla, Fr. García de Loaisa, con una bella estatua yacente, junto a las de sus padres, arrodilladas dentro de nichos u hornacinas. Los tres sepulcros son de estilo plateresco dignos de ser admirados.
Juan Hurtado, caballero natural de Salamanca, desengañado, según dicen los papeles de aquel tiempo, de las pompas y vanidades de la corte, regresó a su ciudad natal, se despojó de la mayor parte de sus haciendas, que distribuyó a los pobres, y se vino a Piedrahita, provincia de Ávila, donde tomó el hábito de Santo Domingo, entregando a los menesterosos el resto de su fortuna. Se dice que, por sus virtudes, llegó a ser elegido prior en el convento de la misma Orden, en Salamanca, y que, deseoso de proseguir y aumentar su celo penitente, solicitó, unido a algunos otros frailes, permiso de Fray García de Loaisa, que obtuvo, para establecer conventos en Madrid, Ocaña y Talavera. Fr. Juan Hurtado no pudo realizar sus propósitos en Madrid; pero sí en Talavera con ayuda de Alonso de Encinas.
Fr. Juan Hurtado alcanzó la licencia correspondiente, el año 1520, del Arzobispo Guillermo de la Croix, y comenzó la edificación del monasterio, ayudado por las donaciones de los vecinos, y muy particularmente por Don Diego de Padilla, que tomó el hábito allí mismo; por las limosnas del arzobispo de Toledo, D. Alonso de Fonseca y más ilustres.
La iglesia de Santo Domingo, fue consagrada el día 25 de Abril de 1536.
Monasterio de Santa Catalina
as inquietudes reformadoras del Arzobispo don Pedro Tenorio le hicieron, hacia el año 1372, fundar este convento para que los canónigos de la Colegiata residieran en él. Al no aceptar los canónigos, el arzobispo lo donó, en el año 1398, a los frailes jerónimos de la Sisla.

Adquirió este nombre, por la gran devoción que el arzobispo Tenorio tenía a esta santa, esta fue su primera denominación, aunque después el pueblo le bautizó como San Jerónimo, por estar regido por los frailes de esta orden. El nombre de San Prudencio, le tomó por honor Jacinto Aguirre, que ejerció como protector de esta institución, dedicada a acoger niños desvalidos de Talavera, Velada y Vitoria. También recibió el nombre de Jesuitas nuevos por residir los jesuitas en él a finales del siglo XIX, esto explica los temas de los cuadros que se conservan.
copyright Aunque fue regido sobre una antigua construcción mudéjar, en 1397, la mayor parte de este edificio pertenece a los siglos XVI y XVII, de estilo renacentista con toques herrerianos.
Las donaciones y las muchas vocaciones enriquecieron a este convento por lo que fue necesario agrandarlo. Del convento primitivo tan sólo se conserva la puerta conocida como El Serafín, puerta gótica de gran sencillez. En 1455 ampliaron la capilla pero su aspecto actual lo adquirió en 1536, aunque al colocar la cúpula fallaron sus paredes, teniendo que intervenir Juan de Herrera mandando colocar unos contrafuertes en uno de los lados del ábside, perdiendo la armonía y belleza programada por el arquitecto. Conviene destacar la sacristía, antigua capilla del Santísimo, por su belleza y la escalera volada que conducía al coro por su grandiosidad.
Los religiosos de este convento sobresalieronpor su labor sacerdotal pero también por su preocupación por la historia de Talavera, por sus trabajos como copistas de libros de coro y por tener bien surtida de medicinas su botica. En 1821 fue cerrado y aunque abierto dos años después, en 1831 se clausuró definitivamente como convento de frailes jerónimos.

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o se conoce quién y con que propósito se construyó. Aunque la antigua parroquia de Santa María la Mayor, declarada Monumento Nacional, se encuentra en la Plaza del Pan y fue nombrada Colegial en 1211 por el Arzobispo Jiménez de Rada, agradeciendo así el rey y el arzobispo, el ejército que Talavera proporcionó para

que participara en la batalla de las Navas de Tolosa.
Su construcción comenzó a principios del siglo XIII probablemente sobre el emplazamiento de la mezquita principal. Su planta es rectangular, formada por tres naves longitudinales y sin crucero. La carencia de coro alarga su belleza y nos descubre los secretos de las bóvedas. Las naves se fraccionan en seis tramos, separados por pilares con ocho columnas adosadas. Siendo arzobispo de Toledo Cisneros fue necesario, para impedir que las bóvedas se derrumbasen, colocar unos arcos rebajados para unir los pilares de la nave central.
Aunque su retablo es neoclásico, formado en gran parte por el cuadro de Maella, y el barroco se asoma en su torre, se la encasilla como de estilo gótico mudéjar. Merece especial atención su rosetón, hecho de ladrillo y recubierto de estuco. En la Colegial también es preciso hablar de la capilla de Santa Ana o de los Reyes; en ella se conserva un resto de gótico toledano: la capilla de Santa María del Pópulo, pequeña y sin embargo grande por su belleza y por el juego de nervios y como trompas en sus esquinas, que podemos contemplar en su bóveda. La sacristía se terminó de construir en 1715, costeando sus obras el Deán Baltasar Hidalgo. En ella nos encontramos con una hornacina dorada y con espejos que acogen a una imagen de la Virgen con el Niño, obra de finales del siglo XV, imagen de gran belleza y que presidió los rezos en el antiguo altar mayor de la Colegiata. Su claustro, sin los caireles del mudéjar, fue construido hacia 1469. Por los años 1704 y 1705 se añadieron los dos cuerpos superiores de la torre, siendo señor de Talavera el Cardenal de Portocarrero.
La Colegiata está llena de obras de gran belleza. Ruiz de Luna manifestó su devoción en cerámica en la capilla del Cristo del Mar; el sepulcro de los Loaysa, en pizarra negra...
En sus muros también albergan capítulos de historia, ya que en esta colegiata reposan los restos de Fernando de Rojas; autor de “La Celestina” y alcalde Mayor de Talavera; y doña Leonor de Guzmán, asesinada en el Alcázar de la ciudad. La colegial también contiene alguna reliquia, como es la piedra donde están grabados los pies y báculo de San Vicente, todo ello según creencia popular. El colofón a esta visita es recorrer el hermoso claustro gótico, con el pozo en el centro. nos habla del prodigio que hizo San Vicente ante las autoridades romanas; en la capilla del Santísimo se conserva un retablo con el cuadro de San Ildefonso y Santa Leocadia, obra de Blas de Prado, discípulo del Greco. En esta misma capilla hay un cuadro de Palomino que representa a San José con el Niño. Nunca pondríamos punto final al hablar de la Colegial, porque son muchos siglos los que esconden sus muros y que dejaron su golpe de presencia en ella
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