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Historia por A. Monterrubio

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>> Los Orígenes de la Hermandad del Nazareno<<

Por Ángel Monterrubio

La actual cofradía de Jesús de Nazareno remonta su origen al reinado de Isabel II, concretamente a 1864, año en que se instruye su expediente de legalización en el Ministerio de Gracia y Justicia a instancia de varios vecinos de la villa de Talavera que, al parecer, eran ya socios de una Antigua Hermandad con la misma denomi-nación. Este hecho había explicaba, bien a las claras, que había existido una asociación previa . Buceando en los ricos fondos del Archivo Municipal nos vamos encontrando con ese antecedente: Las Ordenanzas de la Real Hermandad que con título de Jesús de Nazareno, demostrado en el Santo Lienzo de la venerable muger verónica, se halla sita en el Convento de los Padres Trinatarios Calzados, extramuros de la muy noble y leal villa de Talavera de la Reyna.

Creemos que, aparte de su indudable valor como documento histórico, su análisis puede ayudarnos a conocer una de las más rancias e interesantes instituciones devotas de nuestra ciudad.

Las ordenanzas fueron presentadas por los hermanos cofrades comisionados, todos ellos vecinos de la villa: don Isidoro Sánchez Mirón, don MIguel López de Ayala, don Manuel de Revilla y don Vicente Luque y aprobados por el Real y Supremo Consejo de Castilla el 29 de mayo de 1895, siendo imprimidas en la imprenta de Sancha en Madrid el año siguiente. Es decir, sesenta y nueve años antes de las bases teóricas de las actual Cofradía.

Procedencia

En el inicio de sus capítulos se deja bien claro que la procendcia del establecimiento de la Hermandad "se pierde por lo antiguo (en) la memoria", aunque en esa fechas es cuando deciden legalizas su situación obligados por una orden general que Carlos IV expidió para que se presentasen para su aprobación todas las cofradías del reino. Debemos tener en cuenta que el Monasterio de la orden trinitaria, dedicada a la redención de cautivos, era uno de los más antiguos conventos talaveranos y por ende las tradiciones religiosas antiquísimas. La destrucción de su archivo en un incendio que empezó en el mesón contiguo llamado Las Tres Puertas nos impide, sin embargo, conocer más datos a cerca de la Hermnadad y de la propia institución religiosa que la cobijaba.

En un principio esta asociación devota no tenía otro objeto que los cultos religiosos que se derivaban de su devoción y reverencia a Jesús Nazareno y a la Verónica, especialmente y por encima de todos la asistencia de los hermanos a la procesión del Viernes Santo acompañando el Paso de la Cofradía "que representa el paso de la sacrosanta Pasión de nuestro Señor Jesucristo, quando en la calle de la Amargura quedó estampado su rostro en el lienzo para recuerdo de la caridad que exercitó la venerable muger", más tarde, como veremos, se contemplaría con otras funciones asistenciales.

No tenía la Hermandad un número fijo de admisión de hermanos, entendiendo que su mayor número repercu-tiría en que no decayera la congregación -los últimos datos que hemos podido recuperar son del año 1820, nos dan la cifra de 306 cofrades, elevada cifra si tenemos en cuenta que Talavera se recuperaba lentamente de los desastrosos acontecimientos de la Guerra de Independendia y apenas contaba con una población en torno a las cuatro mil quinientas almas-.

Para ser humano de la Cofradía de Jesús Nazareno se requería en primer lugar ser cristiano viejo, acreditando buena vida y costumbres -para lo cual se pedía un infrome de cuatro hermanos-. En segundo lugar poder asisitir a la procesión de Viernes Santo acompañando y alumbrando el Pasos o, en su defecto, poner a su costa una persona que alumbrase en ella. Y en tercero no sobrepasar los cincuenta años de edad -ser trataba de evitar los "gravámenes" de personas mayores que podían fallecer antes de amortizar los gastos que ocasionarían-.

Obligaciones

En el aspecto económico cada hermano debía abonar inicialmente al entrar de cobrade la cantidad de seis reales y de cuota anual otros seis, que debía abonarse en el mes de mayo -el que se retrasaba tres años en el pago de su cotización era borrado de la asociación-.

La Hermandad debía componerse sólo de varones, pero "por el principal objeto de la concurrencia a la procesión de Viernes Santo a alumbrar a la santa imagen de su instituto", se permitía alistarse en ella a las mujeres de los Mayordomos, Padres de Almas, Abogado, Escribano y Procurador de la Hermandad, cargos principales de ella y de los que posteriormente describiremos sus funciones.

La sede de la Cofradía era el Convento de la Santísima Trinidad y en ella se llevaban a cabo sus juntas. Se celebraba sólo una Junta General anual, " ségun la inmemorial costumbre en la Dominica in Pasione", a las dos de la tarde, previa convocatoriaa son de campanay presidida por el Juez ordinario de la villa. Los asuntos organizativosy administrativos que pudieran surgir en el espacio de dos reuniones mayores los resolvía una "diputación" formada con los puestos principales.

En la Junta General se designaban los cargos de la Cofradía. Remarcamos entre ellos los más destacados:

Cuatro Mayordomos que dirigirían la Hermandad durante el año, en caso de no salir voluntariamente se designaban por votación abierta. No aceptar el cargo suponía la explusión inmediarta de la Cofradía.

A su costa, y a partes iguales, corría la función que se celebraba el segundo domingo del mes de noviembre. En su casa custodiaban el estandarte y cetros de la Hermandad, tres meses cada uno.

Dos hermanos cofrades denominados Padres de Almas que serían los encargados de recaudar las cuotas y vidilar que los hermanos cumplieran con sus oblicaciones, sobre todo la asistencia a la procesión de Viernes Santo y , en caso contrario, cobrar las multas que la no asistencia acarreaba, así como avisar a todos los hermanos para su asistencia a los Jubileos y demás actos de culto y servicios de la asociación.

Dos hermanos Contadores que controlaban las entradas y salidas de caudales y que presentaban las cuentas el día de San Juan.

Cuatro hermanos a los que les correspondería el honor de llevar las andas de la efigie de la Verónica en la procesión de Vierner Santo.

Tres hermanos encargados de tocar las campanas en "los clamores" de los aniversarios de la Cofradía.

Un depositario del Arca, en la cual se guardban los caudales y documentos. Tenía tres llaves distintas, cada una de las cuales custodiaba, un Mayordomo, el Depositario y un Padre de Almas, respectivamente y por turnos.

En el mismo acto se elegía Abogado, Escribano y Procurador de la Hermandad. Todos los cargos estaban libres de la cuota anual "en remuneración del cargo que sufren".

La "Dominica"

Después de la procesión de Viernes Santo su acto más sobresaliente era celebrar en la "Dominica" segunda del mes de noviembre una función religiosa encaminada al "obsequio y memoria del santísimo Rostros de nuestro amante Jesús". Para el evento se colocaba la Verónica al lado del evangelio y se engalanaba la Iglesia de la Trinidad, muchas libras de cera blanca ardían en el atar mayor y rodeando a la efigie.

Exposición del Santísimo, misa solemne, sermón de lujo y asistencia de todos los hermanos cofrades con sus galas e insignias. Era sin duda la fiesta mayor de la Hermandad.

Paralelamente a estas actividades de culto, la Cofradía costeaba de su fondo otras encaminadas a la "vida espiritual" y asistencia funeraria de sus asociados:

Un aniversario por los hermanos vivos y difuntos que anualmente tenía lugar el día siguiente a la festividad del Patrocinio de la Virgen, con siete misas, una cantada y seis rezadas en el altar mayor de la iglesia. Al efecto se colocaba el túmulo, armazón recubierto de paños negros instalado en la cabecera de la iglesia para celebrar el funeral, encima del cual se suponía que estaban los difuntos. Se pagaba la cera que iluminaba la iglesia y doblaban las campanadas durante buena parte de la jornada.

También la Cobradía celebraba misas rezadas para la comunión de los hermanos en los días de Jubileo, concedidos a la Hermnadad por sus respectivas Bulas Pontificias al efecto, en ellos confesaban y comulgaban todos los hermanos. Las fechas eran: el día de San Ildefonso, la Anunciación, la Encarnación, San Juan Bautista, San Mateo y el Patrocinio de la Virgen. Cuatro hachas de cuatro libras cada una de cera blanca y cuatro velas regulares lucías en cada función.

Si se administraba el viático a algún hermano debían acompañar en comitiva al Santísimo doce cofrades con sus hachas encendidas desde la parroquia desde donde salía hasta la casa del enfermo y posteriormente de regreso hasta dejarle en la Iglesia. Los hermanos avisados que no pudiesen justificas su asistencia pagaban una multa de media libra de cera.

Hermanos difuntos

Cuando fallecía un hermano la Hermandad corría con las costas del ataúd, del paño para la mortaja del difunto y del importe de su conducción al cementerio. Los cofrades salían en procesión con el estandarte y cruz de la asociación desde la casa del mayordomo, que en aquel momento lo tuviera en custodia, con doce hachas de cera encendidas portadas por otros tantos hermanos, hasta la casa mortuoria.

Allí se ponían rodeando al difunto y continuaban enencdidas durante la vigilia del cadáver. Toda la comitiva acompañba el cadáver hasta la iglesia y posteriormente hasta el camposanto para darle tierra. Porteriormente y en sufragio de su alma, se celebraban treinta misas, veintinueve rexadas y una cantada, que podía ser bien la del entierro, honras o cabo de año, según las preferencias de sus herederos.

Si el que fallecía era un hijo de cofrade, siempre que fuese mayor de siete años, el rito era el mismo, excepto que sólo se encentían seis hachas de cera. Si era menor de edad, no le acompañaba el estandarte de la asociación. Se ampliaba la asistencia a cualquier pobre que muriese en casa o a la puertas de un hermano.

La hermandad pedía a sus componentes, además de la observación, por supuesto, de los Capítulos de las Ordenanzas, una actitud personal ejemplar. Los afiliados debían tratar de guardar siempre la mayor compostura, paz y buena armonía, tanto entre ellos como en los actos que participasen: "hablando en su lugar, sin dexarsu asiento y sin expresiones altas; antes bien usará de toda modestia y compostura, expecialmente en la procesión de Viernes Santo, de suerte que no se aprte de los corazones de los Hermanos la respetables memoria de las angustias que a nuestro amante Jesús le cercaban en el tierno paso de la impresión de su santo Rostro en el lienzo que le alargó la piadosa muger Verónica".

 


Imagen de Jesús Nazareno
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